images-1Teresa Rodón Asencio (Enriqueta) nació en Barcelona el 26 de Febrero de 1863. Fue inscrita como hija de padres desconocidos. Hoy sabemos que su madre, Manuela (casada y separada), era maestra y su padre, Pedro (casado y con cinco hijas), era diputado.
Su infancia transcurrió en el sufrimiento de la mayor orfandad. Su madre no la reconoció, aunque la mantuvo cerca y la fue colocando de mano en mano sin dejar que que ninguna pudiera acariciarla. Su padre, siguió de cerca los avatares de su hija, pero tampoco hizo pública su paternidad. Sin embargo, Dios iba cuidando a Enriqueta y la iba dirigiendo por el camino de la fe.

En su adolescencia aparecen nuevos sobresaltos. A los trece años, su madre para ocultar su desordenada vida, le obligó a casarse con su propio amante.

En 1892 y después de muchas vicisitudes, junto con Gabriela Quintana y durante, comienza a poner en marcha la idea fundacional. Los primeros apoyos y fracasos empiezan en Lécaroz (Navarra). Pero Madrid es el lugar que imagina puede ofrecerle circunstancias más favorables para la realización de su sueño: acoger, cuidar y educar a niñas abandonadas. La empresa no resulta fácil y las dificultades son abundantes.
Dios va guiando los pasos de Enriqueta y le conduce al obispo de Astorga, Don Vicente Alonso Salgado que aprueba su proyecto y le acoge en su diócesis. Su sueño pasa a ser realidad: fundarlas “Franciscanas de Ntra. Sra. del Buen Consejo”, bajo el amparo de la Virgen del Buen Consejo y siguiendo los pasos de Francisco de Asís.
Teresa Rodón (Enriqueta) y Gabriela, acompañadas ya con otras jóvenes comienzan a vivir como grupo carismático el 14 de febrero de 1896 en Astorga (León). Se entregan a las necesidades de sus hermanos, aliviando el dolor y mitigando cualquier tipo de sufrimiento; aunque buscan con insistencia las niñas, procurando no dejar que la injusticia y el egoísmo les lleve a un mundo de marginación sin retorno.

Se percató entonces de que su compañía inseparable era el sufrimiento, la soledad, la cruz. la cruz nunca la abandonaría, aunque en todo momento sabría llevarla con valentía. En sus escritos dice:“Mis cruces, sí son tu regalo, como tal las miro y a ellas mi abrazo”.
A los 14 años Enriqueta encontró refugio un un internado (adoratrices). Allí, bajo la protección de la Virgen del Buen Consejo, se encontró con Dios, buscó su ayuda, se dejó invadir por su gracia y se fió de Él. En ese lugar halló la paz que tanto anhelaba y necesitaba y aprendió a analizar la vida desde valores positivos y evangélicos.

A pesar de su infancia y adolescencia carentes de amor, de cercanía, de calor de hogar, Dios forjó en ella una personalidad capaz de superar todos los problemas sin traumas y le enseñó a mirar el futuro por encima de las miserias humanas en que había vivido.

imagesCon la sencillez propia de la espiritualidad franciscana, a la que posteriormente se acogería, comenzó a soñar con fundar una Congregación que mitigara la marginación en la que se encontraban muchas niñas, especialmente las hijas de las presas.

Para dar forma a su obra y poder ser legitimada por la Iglesia, escribe las Constituciones con las que la Congregación encontrará espíritu que le empuje y organización que le ayude a ser eficaz en su misión. Son aprobadas en 1897.

En este mismo año además de la casa fundacional de Astorga, ya atienden un internado de niñas en Madrid y un hospital en Llanes. Aunque surgieron nuevas dificultades, siempre le esperaba Dios.

Escribió para sus hijas consignas a las que ella se agarró fuertemente: “La grandeza y fortaleza de ánimo, para poder soportar la debilidad de muchas y emprender todo aquello que para el servicio de Dios sea necesario…no decayendo de ánimo por las contradicciones, y no permitiendo separarse jamás de aquello que exija la razón y el servicio de Dios”.

Luchó por sus ideales, luchó porque el amor a Dios y el servicio a los hombres fuese una realidad en sus hijas. Pero en la lucha, aunque no le abandonaron la grandeza y fortaleza de ánimo, le fallaron sus fuerzas y murió a los 41 años el 28 de diciembre de 1903. La      Congregación quedaba huérfana a los 7 años de su fundación. En los últimos momentos aconsejó a sus hijas que permanecieran unidas y que no abandonaran su obra.

     Después de más de 100 años, las Franciscanas de Ntra. Sra. del Buen Consejo se esfuerzan por vivir según el lema “AMAR Y SERVIR” QUE TERESA RODÓN expresaba: “celo de la Gloria de Dios y celo de las almas”, conscientes de que para ello es necesario vivir unidas desde Jesucristo: “revestirse del espirítu de Jesucristo”.

Está en marcha (Roma) el proceso de Beatificación que comenzó en 1992 en Pozuelo de Alarcón (Madrid) donde reposan sus restos.

Contacto: teresarodon@planalfa.es