MISIÓN…
El Seminario es el lugar del que saldrán los futuros pastores que habrán de servir a nuestra diócesis.
Es, por tanto, lugar de misioneros, fábrica de apóstoles, fuente de evangelizadores.
El Seminario tiene que ver con la misión desde la perspectiva de la actividad. Pero el lema del Día del Seminario en este año nos sugiere que el Seminario es también tarea, misión, lugar donde hay que sembrar.
Los sembradores han sido antes sembrados; los apóstoles han tenido
que recibir la Palabra y responder a la fe.
Esta perspectiva es muy importante: no podemos dar las cosas por supuestas.
La fuente será fecunda solo si la cuidamos. No podemos esperar
los frutos del Seminario si no hemos sembrado y alimentado el largo proceso de la vocación de nuestros jóvenes.
Ningún sacerdote surge “por generación espontánea”.
La Iglesia tiene muchas tareas frente al mundo, en las parroquias, entre los pobres, allá donde están los enfermos, entre los niños y adolescentes, caminando de cerca con los jóvenes, acompañando matrimonios… pero no podemos olvidar que el Seminario, es decir, el futuro de nuestros pastores, es también misión de la Iglesia, de mi Iglesia, de mi parroquia, de mi propio compromiso como cristiano. Dar catequesis y suscitar vocaciones caminan de la mano; atender a los pobres y preocuparse por la formación de los pastores son tareas hermanas en la Iglesia. Celebrar la liturgia parroquial y
rezar por las vocaciones no pueden ir separadas. Y, así, tantas ocupaciones
de la comunidad eclesial.


…DE TODOS
Ningún cristiano puede sentirse al margen de esta tarea siempre apasionante y urgente de la llamada y la formación de los sacerdotes de nuestra Iglesia. “Pedid y se os dará” nos recuerda el Señor en el Evangelio.
Pero, ¿pedimos con insistencia? ¿Brota de una necesidad real nuestra
petición? ¿Deseamos y necesitamos el regalo del sacerdocio? ¿Con cuánta
fe y perseverancia hacemos nuestra oración al Dueño de la mies? Si la oración es sincera, ¿de qué actos va acompañada? ¿En qué me comprometo por las vocaciones a la vez que rezo al Señor por ellas? El resurgir de las vocaciones será fruto, seguramente, de la oración de muchas personas sencillas -muchas de ellas, consagradas- que brotará de una experiencia de necesidad real de Cristo, de Eucaristía y pastoreo, de Palabra y misericordia.
El Seminario es misión, muy fundamentalmente, de las parroquias. En ellas se forja una fe profunda y cotidiana que necesita al sacerdote porque necesita a Dios.
Es misión, también, de las familias cristianas y su educación en un amor desprendido.
No es infrecuente ver a muchos padres cristianos, también practicantes
y comprometidos, que rechazan una posible vocación en sus hijos.
El Seminario es misión de nuestros jóvenes. Dios cree en ellos, en su capacidad de libertad, de remar contracorriente, de adherirse a grandes ideales, de superar rutinas y comodidades para embarcarse en la gran misión del Profeta de Galilea, del Maestro que nos ama, del Resucitado que camina con nosotros y abre caminos nuevos donde los demás solo ven muros y desierto.
El Seminario es misión privilegiada de los sacerdotes. “Nadie da lo que no tiene”: la ilusión de nuestros pastores es siempre siembra segura de futuro. “De la abundancia del corazón habla la boca”: porque creemos en la vocación, en nuestra vocación sacerdotal, nos atrevemos a invitar a otros para que descubran el tesoro que a nosotros se nos dio.
El Seminario es, ante todo, misión de Dios, del Cristo Resucitado que no dejará nunca huérfana a su Iglesia: en esa confianza no nos cansaremos de rezar y de sembrar, de trabajar y de superar todo desaliento.
El Seminario es misión de la Iglesia: misión mía, misión tuya… misión de todos.
Manuel Pérez Tendero