Ya dejamos atrás la estación estival y comenzamos con ilusión el nuevo curso 2016-2017, aunque la formación para el sacerdocio no se ha interrumpido durante el verano. Más bien el verano es un tiempo en el que el seminarista, lejos de la disciplina del seminario, sin el estímulo del grupo ni de los horarios, tiene que ejercitar su libertad para crecer en todas las virtudes humanas y cristianas, morales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y teologales (fe, esperanza y caridad). Porque antes que seminaristas somos cristianos, y como tales, queremos amar cada día más a Jesús y a María.

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